SENSIBILIDAD Y VOLUNTAD,
LOS MEJORES ALIADOS DE NUESTROS PECES
La recomendación más saludable que se le puede brindar a una persona interesada en instalar un acuario es que busque información precisa que le ayude a decidir sí de verdad quiere asumir este reto, o por lo menos para que le evite muchos contratiempos que surgen cuando se desconoce el tema.
Por lo general quien incurre en este pasatiempo (por decirlo de alguna manera) llega a él por accidente o simplemente por curiosidad.
Para el autor de esta nota el concepto real que define al "acuarista" de corazón es sencillo:
responsabilidad y respeto por la naturaleza y sus complejos misterios.
La tecnología moderna nos permite obtener información casi de inmediato. A través del internet
se encuentran cientos de artículos que describen una y otra vez como el principiante debe atender
a sus nuevos inquilinos. Cuáles son los primeros pasos que se deben dar para 'cultivar' un acuario
idóneo; la calidad del agua y los distintos fenómenos que en ella se dan; el tipo de alimentación
que deben recibir los peces y el peligro que corren cuando se exagera en esta área; la cantidad
alarmante de enfermedades que existen y el mismo número de tratamientos diseñados para combatirlas.
En fin, son muchas las cosas que hay que aprender más allá del simple deseo de tener un acuario
adornado con fantásticos peces de colores. La vida de estos pequeños seres depende exclusivamente
de la atención y cuidados de su propietario, nada más.
Sin embargo, a pesar de todos estos aspectos que se deben dominar, hay DOS que no se compran ni
se venden en ninguna tienda de mascotas o en un manual de cuidados. Se llaman sensibilidad y
voluntad, aspectos fundamentales si se quieren hacer bien las cosas en el cuidado de los peces,
como tienen que ser.
Para aquellas personas que apenas están descubriendo el inmenso mundo de la "acuariofilia",
pero que no creen necesario estudiar ni profundizar tanto, les propongo un viaje imaginario que
seguramente los hará reflexionar seriamente el por qué deben añadirle una alta cuota de voluntad
a su nuevo 'pasatiempo' y ser sumamente sensibles con los nuevos seres que llegan a su residencia.
INICIA EL VIAJE
Vamos a suponer que la tierra ha sido invadida por marcianos. Estos seres, que en nuestro viaje
serán superiores a nosotros y completamente distintos, han encontrado una manera muy particular de
divertirse dentro de sus múltiples actividades. El pasatiempo no es otro que cuidar machos y
hembras de la raza humana que traen del planeta recién conquistado, porque al parecer han visto
cosas muy hermosas en nosotros que sirven para decorar su entorno.
Por ser una raza perdedora, y estar obligados a los antojos de los marcianos, los humanos somos
llevados al nuevo planeta en una cápsula especial que nos permitirá hacer el viaje con la cuota
precisa de oxígeno, pues en el planeta que será nuestra nueva 'casa' este elemento vital no existe,
se tiene que comprar y proveer. Además, como no podemos hablar (porque no nos entenderán), debemos
esperar que el viaje sea lo más 'agradable' posible.
Al llegar a Marte, nos exhiben en cubículos que hay instalados en tiendas especializadas.
Los marcianos llegan allí a mirarnos con simpatía y a esgrimir cualquier cantidad de sonidos y
gestos que debemos asumir son de admiración y en búsqueda de despertar algún tipo de respuesta
positiva. La promoción indica que estamos en oferta y nos pueden adquirir por 'X' cantidad de
"Xshfgdsfttszz" (así se llama la moneda nacional en Marte).
Para quienes compren los especiales que ofrece la distribuidora, les regalarán una habitación
armable de 15 metros de largo por 8 de ancho 'debidamente' aclimatada y con el oxígeno necesario
para un mes, entre otras cosas.
Para no hacer más dramático el cuadro, imaginémonos que usted, yo y ocho personas más fuimos
vendidas a un novato que quiso 'probar' y adornar su vivienda con nosotros y que no sabe nada de
nuestro estilo de vida, edad, color, sexo, religión, cultura etc.
Armada la habitación, usted que es joven, yo que estoy un poco más maduro, dos ancianos
(uno de ellos con tuberculosis), dos mujeres, una adulta y una muy joven, más cuatro niñas,
componemos el pelotón decorativo. Todos somos instalados en el cuarto. La cuota de oxígeno es
adecuada para un mes, pero sólo si hay una persona. ¡No si somos diez!.
En el especial también venía incluido un rollo de papel higiénico, un desodorante y los cubiertos
necesarios para comer (nada de pasta dental ni cepillos, olvídelo).
El nuevo aficionado no sabe nada de nosotros, como ya lo habíamos acotado, sólo que somos muy
graciosos y atractivos, según su parecer. Él simplemente sigue las instrucciones que le dieron:
darnos de comer tres veces al día, un poco de luz en la noche y un litro de agua para nuestro aseo.
Nada más.
Al cabo de diez días, el viejo enfermo ya contagió a dos de las niñas y la enfermedad tiende a
expandirse. Todos los afectados se encuentran mal. El ambiente es pesado, olemos mal, así como
nuestra 'habitación' pues no hay inodoro. Nos peleamos por la comida, gana el más fuerte, no somos
compatibles (diferentes idiomas), no tenemos el mismo gusto, lloramos, gritamos, el estrés nos inunda. En fin, toda una tragedia.
Con el paso del tiempo nuestro 'amo' observa que las cosas no andan bien. El viejo enfermo murió
así como las dos niñas, y nunca supo porqué. Lo más sencillo fue sacarlos y tirarlos al tubo
pulverizador (allí deben existir), al fin y al cabo hay más para la venta.
Sin embargo, nuestro propietario quiere atendernos de la mejor manera. Le gusta vernos reír, jugar
y caminar con ánimo. Por eso se preocupa por saber más de nuestro hábitat, de dónde procedemos y
cuál es el mejor ambiente para llevar una vida dignamente 'normal'.
Al leer y consultar con marcianos responsables, se sensibiliza con nosotros y decide agregar
seis cuartos más. Además nos añade un espacio amplio para que juguemos y una piscina para nadar.
Cada cuarto tiene su set de Play Station-2 (importa las películas en CD desde la tierra), un baño
privado, aire acondicionado central y oxígeno en abundancia. La comida es variada y nutritiva,
muy buena si se quiere. Leyó que para procrearnos necesitamos privacidad y amor, que las niñas
deben recibir vacunas y complementos nutricionales, aparte de una cantidad de medicamentos
especiales para combatir tantos males que nos aquejan.
Al final de la aventura seguiremos tan lejos de la tierra, de nuestro medio ideal. No tendremos
sol, ni agua dulce en abundancia. Nuestra libertad no existe y estamos sujetos a un espacio
limitado que siempre será igual. Sin embargo, gracias a lo afortunados que fuimos, porque caímos
en las manos de un marciano voluntarioso y abnegado que se 'enamoró' de nosotros y se preocupó por
conocernos mejor, nuestro medio de vida es aceptable. No es ni será el ideal, pero ante la tragedia
inevitable de estar atrapados, muy lejos del ambiente ideal, por lo menos tendremos la seguridad de
que lo queda de tiempo estaremos en manos de alguien que nos dará un poquito más cada vez que lo
descubra. No seremos felices, pero fuimos afortunados.
Menos mal que nosotros podemos terminar este relato abruptamente y de la manera que se nos antoje,
pues somos la raza dominante, los inteligentes y todo esto no es otra cosa que una historia de ciencia-ficción mal contada, ¿se imaginan por un momento sí fuera realidad...? ¿A propósito de sus peces, que tan afortunados son?
Gracias por cualquier comentario (genialecorp@hotmail.com) y espero que hayan captado el mensaje. Mis respetos para todos.
Mi nombre es Jairo y soy colombiano. Resido en la ciudad de New York desde hace
20 años, y aquí me gradué en periodismo, así como en producción de radio y
televisión.
Actualmente trabajo escribiendo de manera independiente para varios medios del
país (todo ellos en el mercado hispano) y en mi ciudad realizo labores
periodísticas para la radio desde hace mucho tiempo. Soy especializado en
deportes y más exactamente en fútbol, aunque mi experiencia me ayuda a manejar
casi todos los frentes de la información.